Editorial y Opiniones

Abstención: síntoma de una enfermedad

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Por Wilson Sandoval

Distintos medios de comunicación analizan que únicamente participó alrededor del 46% del padrón electoral o que la abstención es ahora la “tercera fuerza del país”. Independientemente del porcentaje final, la abstención se hizo presente con la intensidad suficiente para reflexionar sobre la misma.

Antes de entrar en detalle sobre la abstención, primero es necesario comprender la importancia de la participación electoral, en este caso, mediante el voto. La participación es  indispensable para garantizar el funcionamiento de tres elementos básicos en un sistema democrático: producir representación, producir gobierno y producir legitimidad. En otras palabras,  la producción de representación conlleva a la elección de los representantes de los electores, al mismo tiempo que selecciona a la élite gobernante que ha de tener acceso o salida en  la formación del gobierno, además de revestir legitimidad democrática al sistema político en conjunto, incluyendo a la oposición.

Ahora, me permito distinguir al menos tres factores que pueden asociarse a la abstención. El primero es en relación al interés del electorado en la política, ya la teoría indica que el interés por la política favorece a la participación electoral. En ese sentido, por ejemplo, realizando una simple revisión de la encuesta del IUDOP “Evaluación del país a finales de 2017 y perspectivas electorales para 2018”, el 59.9% de los encuestados dijo estar poco o nada interesado en acudir a las urnas. Esto, puede verse como parte de los elementos de la cultura democrática en El Salvador, un desinterés marcado que lógicamente, incidió en la actitud de la ciudadanía.  

El segundo de los factores es la satisfacción con la democracia y las instituciones. La teoría considera la abstención como un indicador del descontento e insatisfacción, dicho de otra forma, mayor  insatisfacción debe producir menor participación. Si retomamos nuevamente la encuesta del IUDOP, nos encontramos que instituciones como el Tribunal Supremo Electoral, la Asamblea Legislativa y los partidos políticos, son los peores valorados en el orden respectivo, siendo un dato relevante que más del 75% de los salvadoreños le otorgó poca o ninguna confianza a los comicios.

El tercer y último  factor por distinguir es la competitividad electoral. Cuanto  menor es la distancia (en términos de intención de voto)  que separa a los principales partidos o coaliciones que compiten por el poder, y más incierto es el resultado de la elección, mayor es  la participación electoral, lo que posiblemente procede tanto del mayor interés del electorado como de mayores esfuerzos movilizadores por parte de los partidos.

Las últimas encuestas, entre ellas la del IUDOP indicaron una diferencia entre ARENA y FMLN en intención de voto por diputados de más de ocho puntos. Bajo el mismo esquema de intención de voto, la encuesta de La Prensa Gráfica del 18 de febrero de este año; arrojó números similares, siendo una diferencia de más de ocho puntos. En resumen, existieron brechas significativas que reflejaban una baja competitividad entre los partidos más grandes y ante una  baja percepción de competitividad electoral, se tiene como consecuencia una baja participación en las elecciones.

Con todo lo antes dicho, la abstención es una señal de lo poco saludable que se percibe el sistema político ante los ojos de la población. Cuando convergen elementos como “desconfianza” y “desinterés” las alarmas deben de sonar no solo para los partidos, sino también para aquellos que comprendemos que sostener una democracia es tarea de todos. Que no se engañe ARENA con esta victoria que debería serle agridulce a sabiendas de que hay una enfermedad con la cual luchar. Que tampoco el FMLN tome esto como una derrota sólo de su partido, puesto que quienes perdimos con estos “números” fuimos todos los salvadoreños.


Wilson Sandoval es Maestro en Ciencia Política por la UCA de El Salvador. Actualmente cursando la maestría en Dirección Pública en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. Ex- director de TECHO El Salvador. 

 

 

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